Una operación está hecha de relaciones entre personas, información, tiempo y responsabilidad. Una pantalla puede reducir el esfuerzo de trabajar con ellas, pero no puede decidir que dejaron de existir.
La complejidad no desaparece. Cambia de lugar.
Cuando un producto oculta una relación importante, esa relación reaparece fuera del sistema: en una llamada, una hoja auxiliar o la memoria de alguien. La demostración se vuelve más simple, pero la operación se vuelve más frágil.
Diseñar no consiste en representar todos los detalles. Consiste en conservar aquellos que cambian una decisión: quién sabe qué, cuándo puede actuar y qué condición debe continuar siendo cierta.
Una buena interfaz no reduce la realidad. Reduce el esfuerzo necesario para comprenderla.
El modelo precede a la pantalla.
Antes de elegir componentes, conviene describir trabajo, información, decisiones y restricciones como un sistema. Esa descripción muestra dónde una aparente simplificación produciría una excepción invisible.
La interfaz llega después. Su tarea no es repetir el modelo completo, sino ofrecer la parte correcta del modelo en el momento en que una persona debe decidir.
Para decidir
La claridad no es ausencia de complejidad. Es una distribución consciente de la complejidad entre sistema, interfaz y operación.

